viernes, 25 de noviembre de 2011

Viernes Negro

BY Ricardo Ayala No comments

Aunque la luna ilumina el pasillo con gran intensidad, sigue siendo un error no estar atentos a las sombras. De lo alto de las columnas se abalanzan sobre mi dos de "ellos"; mis cuchillas ya los están esperando. Doy un giro hacia la izquierda y le rebano el torso al primero de "ellos", giro sobre mi eje y al segundo de "ellos" me lo encuentro de frente y con mis dos brazos le vuelo la cabeza en un solo corte. Lo único bueno de estos engendros es que no sangran. Llego a la única puerta al final del pasillo y me ajusto mis gafas de visión nocturna. Al menos diez de "ellas" me esperan dentro. No me gusta lo teatral pero en este caso es mi mejor opción. Abro la puerta lentamente y arrojo una "bomba de luz" la cual produce un destello de 3 segundos que deja prácticamente ciego a cualquiera aunque tenga los ojos cerrados durante 5 segundos. Cierro la puerta y espero los tres segundos y de inmediato entro rompiendo la puerta. Ahora todo es obscuridad pero "ellas" se revuelcan del dolor que les causo la "bomba de luz". Tengo 4 segundos. Voy sobre la primera y con la cuchilla izquierda le perforo el cuello, la segunda no esta muy lejos así que de un salto llego a "ella" y recibe el mismo tratamiento que la primera. Tres segundos. La tercera me queda como a 2 metros así que corro y llego deslizándome para perforarle el vientre. Un segundo. la cuarta comienza a recuperarse y se comienza a levantar así que tengo que apurarme. Doy un salto hacia "ella" y con la cuchilla derecha le vuelo las dos piernas. Al momento de que cae con mi cuchilla izquierda le rebano el cráneo. Se acabo la diversión. Aún quedan seis de "ellas" y ya recuperadas son difíciles. Las "ellas" tienen garras envenenadas que si penetran el músculo te paralizan parcialmente, son muy ágiles y fuertes y su visión nocturna es excepcional. Y obvio, si te pescan descuidado, te drenan hasta la última gota de sangre.
El primer golpe me llega por detrás. Me manda volar uno o dos metros y siento que el aire me comienza a faltar en los pulmones. Giro sobre mi eje todavía en el suelo y ya dos de "ellas" se abalanzan sobre mi con las garras relucientes. Golpeo mis dos talones y de mis botas surgen dos pequeñas varillas afiladas de 50cm de longitud. Cuando "ella" se da cuenta ya es demasiado tarde y al momento que se "empala" en mis pies, la lanzo en la dirección en que viene cayendo la otra "ella". Cae a un lado mio y su instinto es clavarme sus garras en la garganta. Mi mano alcanza a sujetarla de la muñeca pero su fuerza y su rencor me van doblegando demasiado rápido. Con mi brazo libre extiendo la cuchilla y giro hacia la derecha para atravesarle el pecho. De inmediato me libero del peso muerto y me levanto pero ya tengo a otras dos de "ellas" encima. Esta vez no me toman descuidado. Comienzo a girar sobre mi propio eje con los brazos y las cuchillas extendidas, como un trompo mortal, y las cuchillas logran su objetivo de dejarlas fuera de combate.
De repente un golpe en la cara me deja fuera de control y lo peor es que manda mis gafas de visión nocturna lejos de mi alcance. Siento otros varios golpes y mi boca sabe a mi propia sangre, lo cual es malo ya que "ellas" la huelen y eso las hace mas peligrosas. Doy golpes a ciegas y eso me da un poco de tiempo para pensar como salir del problema. Del bolsillo de mi pierna izquierda saco una bengala y cuando enciende ya tengo a una de "ellas" sobre mi. El golpe me hace caer y soltar la bengala y "ella" se posiciona sobre mi vientre. Sus garras hacen mas presión sobre mi garganta y en lo único que puedo pensar es en la otra "ella" y cuanto tiempo tengo antes de que me paralice. A pesar de que la obscuridad dentro del salón es casi total, logro ver los ojos de mi contrincante; sus pupilas super dilatadas y verdes brillantes claman por mi sangre. Sonrie y me da un golpe con su cabeza y mi nariz comienza a sangrar profusamente. La sangre me empieza a ahogar lentamente mientras mis manos siguen luchando con las garras de "ella" para que no me rompa la garganta. Solo tengo una oportunidad y debe ser rápida. Suelto mis manos de sus garras y bajo los brazos. Esto la sorprende y aprovecho esa fracción de segundo de su distracción para extender las cuchillas y atravesarla por los costados. Sus ojos pierden el brillo y la lanzo lejos de mi pero al momento de levantarme siento un rasguño profundo en mi pierna derecha. La última "ella" se tardo demasiado. Aunque mi traje es de piel con protección de kevlar, la garra de la "ella" penetra mi piel y poco a poco mi pierna se empieza a entumecer. No tengo mucho tiempo que perder y saco otra bengala, la enciendo y veo a la "ella" como a dos metros frente a mi. Sabe que estoy en desventaja y quiere disfrutarlo. La luz de la bengala durara un minuto y "ella" esperará a que se extinga para atacarme. De mientras se mueve rápidamente a mi alrededor ganando tiempo en lo que mi pierna deja de funcionar y se acaba la bengala. Intento atacarla pero "ella" guarda la distancia y se mueve demasiado rápido para mi y mi pierna que ahora se convierte en un lastre. "Ella" sigue esperando a que la bengala se extinga mientras yo pienso en la forma de no morir antes de tiempo. Solo tengo una oportunidad y no puedo fallar. La bengala poco a poco deja de iluminar el salón y la obscuridad comienza a rodearme. la última posición de "ella" se graba en mi mente y aunque seguramente tomara otra dirección para atacarme, me sirve como referencia. "Ella" me ve claramente y tardara entre uno y dos segundos en atacarme así que debo tener un "timing" perfecto. Una sola oportunidad y si me equivoco se acabo. la luz se extingue y en ese momento flexiono mi pierna izquierda y extiendo los brazos hacia el frente, saco las cuchillas y espero medio segundo. En ese momento levanto los brazos y los doblo hacia atrás, casi rozando mis orejas con ambas cuchillas y agacho lo mas que puedo la cabeza. Casi de inmediato siento el impacto y el peso de la última "ella". En su último momento de lucidez intenta destrozarme la nuca y yo mantengo agachada la cabeza lo mas que puedo, soportando el peso muerto sobre mis brazos y la única pierna con fuerzas. Después de un largo momento, me doblo hacia atrás y caigo de espaldas, cansado, con una pierna paralizada, la nariz rota y sangrante pero con una sonrisa en mi rostro que ilumina mi camino, el cual aún será tan largo como la noche de este viernes.