lunes, 3 de noviembre de 2014

El país de las maravillas

BY Ricardo Ayala No comments


No soy reportero ni periodista, ni siquiera escritor formal; solo escribo cuentos y cosas que poco o mucho pasan en esta torcida y medio desenfadada imaginación mía y podría escribir sobre todo lo malo que ocurre pero de eso ya mucha gente y muchos medios se encargan; por eso quiero contar una historia que pueda ser distinta. Con su permiso, aquí la dejo:

Cuando Alicia salió del agujero no regreso a los jardines y castillos de Inglaterra ni era rubia con un par de trenzas y zapatos de charol. Despertó en una madrugada fría, esa si como las de Inglaterra en pleno invierno, pero descubrió que su piel antes blanca como la nieve ahora era de un color cobrizo y algo mas gruesa, se miro sus manos y las vio descuidadas y sucias, con mugre entre las uñas y sin esa suavidad que recordaba. De pronto sintió un golpe leve a un lado suyo y contempló que no estaba sola; estaba acostada sobre una especie de cama en donde compartía una única cobija toda roída con otras dos extrañas niñas, al parecer mas pequeñas que ella. Tenían el pelo negro y las facciones muy toscas, dormían con una ropa algo extraña y rota en algunas partes pero sus facciones denotaban calma y paz. Miro en derredor suyo y se vio en una choza levantada con adobe y el techo parecía de ramas de árbol. El piso era de tierra compactada y un fogón encendido en una esquina de la casucha daba un poco de calor a las niñas que dormían plácidamente. Alicia se levantó con cuidado y su primera reacción fue la de buscar un espejo pero no vio ninguno; es más, ni siquiera había un baño. Se quedo un momento extrañada y pensando en qué hacer, cuando escucho a sus espaldas una voz que le hablaba en un lenguaje extraño que al principio no entendió. La señora que le hablaba era también muy morena, de un pelo negro largo y trenzado, gordita y con un extraño rebozo de colores rodeado a su pecho, falda también de colores muy llamativos y descalza. Cerro los ojos como queriendo salir del sueño pero al volverlos a abrir la señora seguía frente a ella y la veía de una forma extraña; la señora acerco su mano a la frente de Alicia buscando algún tipo de fiebre o enfermedad que hiciera que la niña se quedara como mensa ahí parada sin entender. De repente todo fue tan claro. Cuando Alicia hablo, ella misma se sintió extraña. No era el perfecto inglés británico lo que salía por su boca. Sus palabras le sonaban tan raras y guturales, casi como tratar de hablar cuando te estas ahogando. La señora solo la observaba con rareza mientras Alicia hablaba sin ella entender lo que estaba diciendo pero después de unos pocos segundos las palabras tomaban sentido mágicamente.
- ..."Y entonces desperté y estaba buscando un espejo cuando entro usted"
- Seguro fue por la caída de ayer.
- perdón, ¿Qué dijo?
-¡¡ Ayy escuincla del demonio, ya deja de andar hablándome así tan raro!! Mejor ponte tus chanclas y ayúdame a traer leña antes de que tu padre regrese y nos de nuestros buenos moquetes sino encuentra el café y las tortillas hechas, andale, apúrate niña!!!

La señora salio de la choza y Alicia pensó: "¿Què es una chancla?"

Sin esperar mucho decidió salir y se encontró una espectacular vista de la sierra Mixe Oaxaqueña. El sol saliendo por el oriente, entre las montañas pintadas de verde, mucho verde. Un río se veía a lo lejos y hacia abajo de donde ella estaba y varias chozas repartidas en los montes cercanos. No se observaban hombres cerca, solo mujeres con sus ropas tan extrañas y coloridas haciendo cosas de hombres. De varias casitas salían humaredas y el olor de café recién hecho le dibujo una sonrisa en su bello y moreno rostro. A lo lejos vio que la señora con la que había hablado le hacia señas de que fuera con ella y Alicia tomó aire y pensó: "¿A qué hora se aparecerá la reina roja, otra vez?"