Yo me la topaba cuando ella salía de su clase de química orgánica y yo entraba a matemáticas 3. Era la hora que esperaba desde las cinco de la mañana que yo despertaba, solo soñaba con encontrarla y quizás en un momento perfecto ella tropezaría conmigo y se enamoraría de mi como pasa en las tontas películas de amor. Pero ya estábamos a mitad del semestre y ni por error me había regalado una mirada de sus enormes ojos verdes. Un día algo por fin sucedió. en la banca que me senté estaba un cuaderno olvidado de alguien y por suerte tenia su horario en la contraportada y decidí entregarlo en cuanto terminara la clase. Fui con mi mejor amigo y él todo tonto me iba diciendo que tal vez el cuaderno era de ella y por fin podría saber de mi existencia. Cuando por fin encontramos a la dueña resultó que era amiga de mi amor platónico y así como pasan las desgracias, por fin la conocí. Me miro con esos ojos verdes, me analizó como el bicho raro que solía ser y creo que también fue amor a primera vista. Para ella. Yo ya la amaba desde hacia mucho tiempo, o sea, desde principios del semestre. Dejó al lado a los mil pretendientes que estaban tras de ella, unos con coche último modelo, otros que pasaban más horas en el gimnasio que lo que le dedicaban a dormir, otros tantos tan guapos como los más cotizados actores de Hollywood, algunos en verdad buenos partidos en todos los aspectos. Pero ella me eligió solo a mí.
Yo la amé durante los dos años, tres meses, seis días, doce horas, nueve minutos y cuarenta y siete segundos que duró lo nuestro. Su padre que trabajaba en una multinacional se tuvo que mover a otra ciudad y con el ultimo adiós nos prometimos que nunca nos olvidaríamos. Yo nunca lo hice.
Hoy la volví a ver. Comiendo con unos clientes y para cerrar un negocio de varios miles de dólares, decidimos festejar como se debe, tomando unos tragos y viendo bellas mujeres. En esta ciudad que visito una vez al mes, hay un antro donde la bebida es muy reconocida y sus mujeres las mas guapas y "amables" de toda la región. Todo iba bien, mis clientes ya pasados de copas empezaron a pedir chicas a la mesa y una de ellas parecía que traía la fiesta dentro de ella. Bailaba, se saludaba de beso con todo lo que se encontraba a su paso y al parecer era la más popular del bar. Algunas de sus compañeras la miraban con envidia ya que era dueña de un hermoso cuerpo y un cabello negro que brillaba como si tuviera luces internas y que contrastaba con la blancura de su piel. El mesero fue por ella y algunas otras chicas más y bueno, yo con tal de que el negocio quedara completamente amarrado no puse ninguna objeción. Mi cliente frente a mi tuvo la suerte de recibir a la chica en cuestión y cuando la miré con detenimiento algo dentro de mi se empezó a hacer pedazos. Estaba poco menos que alcoholizada y seguramente traía droga circulando por sus venas ya que en uno de sus brazos podían verse algunas marcas de agujas discretamente maquilladas. La forma en que se movía y la energía de sus gesticulaciones no hacían sino corroborar mis sospechas. A pesar de la poca luz y el humo de los cigarros pude reconocer esos enormes ojos que alguna vez solo me miraban a mí y que ahora parecían estar tan perdidos como dos disparos en la obscuridad. Ella hacía gestos y ademanes ya muy controlados pero lo suficientemente provocativos para no perder el interes de su "cliente". No alcanzaba a escuchar lo que ella le decía pero su estrategía daba resultados y las copas seguían llegando, ella de vez en vez me miraba pero no parecía reconocerme, o la menos, lo disimulaba muy bien. Después de un tiempo me levanté para ir al baño ya que el pasado llegó de golpe y necesitaba de alguna manera escapar de ahí. No podía creer lo que estaba pasando, en ese día donde se suponía que todo iba bien y de repente, después de tanto tiempo, verla y verla ahí...Me mojé la cara, respire profundo y contuve las lágrimas que luchaban por salir como ríos. Al salir del baño, ella me estaba esperando en la puerta:
- Yo tampoco lo hice.- me dijo.
- ¿Hacer qué? - Respondí.
- Olvidarte. Lo prometimos aquel día. Espero aún lo recuerdes.- Contesto tranquila.
- Claro que lo recuerdo pero no entiendo, ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí?- Le reclamé deseperado.
- Aquí no por favor, apunta mi número y hablamos otro día, en otro lugar. Hay tanto que contar. - Respondío y me dío su número.
Regresé a la mesa con mis clientes, los cuales ya estaban muy indispuestos y los tuvé que llevar a su hotel casí cargándolos. El negocio se cerró y al mes siguiente regresé a esta ciudad, saqué mi celular y le envíe un mensaje para ponernos de acuerdo en donde y a que hora vernos. Me cito en un lugar no elegante pero agradable, la gente local dice que el café es muy rico pero como a mi no me gusta pedi naranjada con agua mineral que no estaba mal y ella casi sin maquillaje, de jeans y con su pelo negro recogido seguía siendo la mujer que conocí en la facultad. Hablamos durante varias horas y me contó cómo había llegado aquí y muchas cosas más. No soy nadie para juzgar las decisiones de los demás y sé que ella, como cualquiera de nosotros, tuvó que decidir en base a lo que tenía en ese momento. La vida es difícil para todos nosotros y la verdad es que casi nadie decidimos correctamente pero son esas mismas decisiones las que marcan el camino que vamos a andar y mi camino se volvió a encontrar con el de ella.
Estamos pensando en irnos de viaje, lejos, lo más lejos que podamos pagar. Hace un año la volví a encontrar en el lugar menos esperado y las cosas han mejorado para ambos. Eramos infelices en nuestras propias soledades y aunque parecia que estabamos bien, no lo estabamos. Nos haciamos falta para ser mejores, para realmente poder sentir la vida. Los dos nos salimos de los trabajos que teniamos y decidimos emprender nuestra propia aventura, vivimos en una nueva ciudad donde nadie nos conoce y aunque estamos empezando desde cero, el único camino que tenemos es hacia arriba. Juntos.
Y pensar que todo empezó por un cuaderno olvidado.

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