lunes, 3 de octubre de 2011

Esta implícito.


Tú lo sabes; está en cada mirada tierna y lujuriosa que te obsequio cuando caminas hacia mí y te dice que serás siempre bienvenida entre mis brazos.
Está en el beso que día a día encierro en tus labios dulces y tan llenos de vida que saben llevarme al éxtasis con tan solo rozarlos y me detienen la respiración si me recorren la piel, lenta y suavemente, con una crueldad que excita y necesito cada vez más.
Está en mis sueños que invades sin pedir permiso a cada noche y no te importa mucho si alguien más quiere estar ahí; tú llegas y te encargas que nadie más ocupe mi mente y mi cuerpo, reclamas lo que es tuyo por derecho, no das concesiones.
Está en cada latido de este corazón que no se cansa de decir tu nombre 76 veces por minuto; que no se sonroja ni se acongoja por bombear sangre a mi entrepierna cada vez que te acercas como gata en celo y me pides que te demuestre que nací para ti, solo para ti.
Está en todas esas pequeñas cosas que pasan entre nosotros y casi nunca nos damos cuenta de ellas como verte comer, escuchar tus ronquidos suaves, quedarme hipnotizado viendo tu ritual al maquillarte o cuando me preguntas cual vestido te va bien de los diez mil que tienes y peor aun cuando casi lloras por no tener el par de zapatos adecuados y me imploras que haga un milagro para encontrarlos a mitad de la noche.
Está en las palabras que solo tu inspiras, que solo tu creas y que fluyen de mi mente a mis dedos para llegar al fondo de tu corazón y que me entiendas en frases cortas que lo que siento por ti es más grande que todos los universos que hayan existido y que jamás existirán.
El "te amo" que pides que mis labios griten siempre está ahí; en todo y en nada, en el día y en la noche, en mi vida y en mi muerte. Implícito. Tuyo. Siempre.

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