jueves, 28 de julio de 2011

Los caminos de la paz

BY Ricardo Ayala No comments

Las tragedias nos marcan y las grandes tragedias nos obligan a realizar grandes cambios. Esta es nuestra realidad en México. Vivimos una tragedia pero aún no es lo suficientemente grande para obligarnos a un cambio radical, a abandonar nuestras malas practicas y costumbres, nuestros ancestrales vicios. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir con lo mínimo indispensable, a tolerar la corrupción, a convivir con la ilegalidad, a mirar de reojo la violencia, a callar la injusticia, a sobornar autoridades, a no obedecer la ley, a discriminar a quien sea, ya se nos hace familiar ver crímenes en todos lados y a todas horas. Tenemos leyes obsoletas, absurdas y lentas; jueces, abogados, ministerios públicos y policias incapaces, incompetentes y corruptos. Funcionarios de todos niveles que no les importa nada mas que aprovecharse del puesto que tienen lo mas que puedan.
Los movimientos y grupos que se han formado en contra de la guerra contra el narco, en contra del secuestro y por un México en paz son excelentes y dignos de todo respeto pero poco lograrán mientras el grueso de la sociedad no padezca una gran tragedia. El caso de Javier Sicilia es muy claro: él jamas hubiera hecho lo que hoy hace sino hubiera vivido la tragedia que le sucedió. Vivía bien, tenía un trabajo como todo el mundo, escribía su poesía y como toda persona ahi la llevaba. Cuando enfrento la realidad de un cobarde asesinato, de la falta de justicia y de lo corrupto del sistema inicio su movimiento que, parece ser ahora mas bien  plataforma política para mucha gente, aprovechando la situación o a contentillo de Javier Sicilia. Pero pensemos a cuanta gente nos pasan cosas y no tenemos los medios o las formas de denunciar. Somos miles. Con una impunidad del 98% de los casos, ¿a quién le dan ganas de denunciar un delito? ¿Para que pierdo mi tiempo sabiendo que nunca van a hacer nada para agarrar al que me robo y en caso de que lo agarren saldrá en menos de lo que canta un gallo? ¿De que sirve que agarre el ejercito al niño que tortura, mata y descabeza personas si le dan 3 años y cuando salga será el peor criminal en la historia de México? ¿De que sirve quemar cientos de hectáreas de marihuana si por las aduanas pasan barcos, trailers y hasta aviones cargados de mercancía ilegal de todo tipo y tamaños? ¿De que sirve hacer reformas como la ley de seguridad nacional o la ley contra el secuestro si los jueces que aplicarán estas leyes están comprados o amenazados por los delincuentes?
En nuestro país no necesitamos mas reformas, no necesitamos depurar policias o instituciones, no necesitamos cambios de modelos económicos, no necesitamos que la izquierda llegue al poder, no necesitamos ganar un mundial de futbol, no...Tristemente lo que necesitamos es una gran tragedia, algo que nos mueva desde el fondo de nuestros corazones a todos, algo que nos ponga en la encrucijada de cambiar o morir, algo que no nos deje otra opción a hacer las cosas bien de una vez y por todas. Necesitamos una gran tragedia que nos obligue a hacer una nueva constitución actual, nuevas leyes ágiles y que sean sencillas de cumplir, nuevas instituciones que se enfoquen a las personas y al bienestar, nuevas policias que se dediquen a servir y a proteger en los hechos; pero lo que mas necesitamos es ser mejores personas, que sepamos exigir nuestros derechos pero que también seamos responsables, que tengamos respeto por las leyes que nosotros mismos establezcamos y que si alguien transgrede esas leyes que se le castigue ejemplarmente. Las carceles en México son una burla de muy mal gusto. Una carcel debe ser un lugar de castigo, punto. Sin visitas familiares, sin visita conyugal 2 veces a la semana, sin privilegios, sin bares con mesas de billar, sin trabajo remunerado, sin festivales de dia de madres y dia del niño y navidad y reyes y dia de la mujer y dia de no se que tantas cosas.
Decía Gandhi que "no hay caminos para la paz, la paz es el camino", pero para ser dignos de esa paz tenemos que transitar por el infierno. Y creo y estoy convencido que todavía no nos merecemos esa paz.

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